jueves, 24 de septiembre de 2015

Nuestra sra. de la Merced

Hoy es el santo de mi madre y también el segundo aniversario del fallecimiento de mi padre. Todavía, cuando pienso en él, no le recuerdo enfermo y acabado en la silla de ruedas, sino que me viene a la mente el hombre grande y vital que siempre fue. Por eso todavía me cuesta aceptar su muerte. En mis sueños aparecen los dos fuertes y animosos como los recuerdo de toda mi niñez y juventud. Cuando una persona tiene tanto carácter y personalidad parece que su memoria no se diluye nunca. Por suerte, mi madre sí que ha perdido muchos recuerdos y de ese modo le es más fácil sobrevivir a su ausencia, con lo mucho que se querían, y se quieren.

La verdad es que yo me parezco poco a mis padres. Recuerdo que, después de trabajar doce horas, todavía tenían ánimos para salir de paseo. Los fines de semana organizaban excursiones y no es posible llevar la cuenta de la cantidad de libros que leyó mi padre en su vida, a pesar de que lo suyo eran los números. Tal vez porque el reto era tan grande yo no quise ni siquiera intentar estar a su altura. Yo siempre he estado falta de energía y cualquier esfuerzo supone un reto para mí. Por eso me parece mentira que todos acabemos igual, como dice Jorge Manrique. A veces pienso que cada generación es más débil que la anterior.

4 comentarios:

  1. No sé si es una cuestión de generaciones. Cada uno es como es y en todas las generaciones ha habido gente más fuerte y más débil y no por ello unos van a ser mejores que otros. Un besote.

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    1. Tambien tuvieron una vida mas dura. Un beso.

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  2. Hola. felicidades a tu madre por su santo y me pasa como a ti que a mi padre lo recuerdo como en mi infancia... fuerte y siempre trabajando. Echando la vista atrás las generaciones anteriores a las nuestras trabajaron muy duro y sacaron adelante a sus familias sin protestar por nada. Hoy en día las nuevas generaciones ya nacen protestando y quejándose por todo y no hacen nada para cambiarlo.. seguimos en contacto

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    1. A eso me refería con que eran más fuertes que nosotros, y desde luego que nuestros hijos. Un beso.

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