Hoy he ido otra vez a la antigua casa de mis padres que ya tiene nuevos dueños. Cada vez que entro salgo con mil cosillas innecesarias que me da lástima dejar allí. Ya quedan pocas cosas. Me he llevado algunos muebles y algunas fotografías. Mis hijas cogieron unos libros y unos cojines. Mi marido un escaner y algo de música. También he rescatado un par de plantas. Yo me llevaría todo con tal de no tirar nada porque me parece una falta de respeto a mi familia. Ya sé que sólo son cosas y es una tontería pero no puedo evitar sentirlo así. Me duele pensar que me quedaré con las llaves pero ya nunca más podré entrar a esa vivienda.
Otros andarán por allí. Harán obras, meterán muebles y estará irreconocible. Otras personas la habitarán y harán suyos los rincones y las vistas. Sus recuerdos convivirán con los nuestros en el mismo espacio pero nada volverá a ser igual. Tengo la suerte o la desgracia de no recordar apenas sobre mis primeros años de vida. Ahora aquello que me lo recordaba ya no nos pertenece. Pero la vida sigue. Intento llevarme la mayor cantidad de cosas posibles que puedo atesorar pero ya se me está acabando el espacio. Tengo que resignarme a la idea de que es imposible conservar el pasado, pero me está costando.
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miércoles, 13 de enero de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
El paso del tiempo
Ayer caí en la cuenta de que hace veinte años que compré mi casa y llevo ese tiempo aparcando en mi plaza de garaje. Y a mí me parecía que no eran más de diez años. La percepción que se tiene del paso del tiempo es muy engañosa. Hay cosas que parece que pasaron anteayer aunque haga una década o dos. Ahora estoy deshaciendo la casa de mis padres y resulta duro andar hurgando en cosas ajenas y sacar recuerdos tan lejanos y no saber qué hacer con ellos. Para mí las cosas tienen un residuo del alma de las personas a las que pertenecieron y me da verdadera pena tener que tirarlas cuando ya no les encuentro ningún uso.
Supongo que es un sentimentalismo un poco absurdo, más teniendo en cuenta lo que mis padres siempre decían: que después de la muerte no queda nada importante en el mundo; lo fundamental se ha ido al cielo. Por eso querían que los incineraran y nunca visitaban los cementerios. Pero yo no puedo evitar encariñarme también con las cosas que me traen recuerdos, a pesar de que mi infancia no fuera precisamente la mejor etapa de mi vida. Llevo veintisiete años casada. Mi hijo mayor ya cumple veinticuatro. Yo cumpliré cincuenta dentro de poco. El tiempo parece que pasa muy lento y cuando vas a darte cuenta ya hace mucho que se ha ido.
Supongo que es un sentimentalismo un poco absurdo, más teniendo en cuenta lo que mis padres siempre decían: que después de la muerte no queda nada importante en el mundo; lo fundamental se ha ido al cielo. Por eso querían que los incineraran y nunca visitaban los cementerios. Pero yo no puedo evitar encariñarme también con las cosas que me traen recuerdos, a pesar de que mi infancia no fuera precisamente la mejor etapa de mi vida. Llevo veintisiete años casada. Mi hijo mayor ya cumple veinticuatro. Yo cumpliré cincuenta dentro de poco. El tiempo parece que pasa muy lento y cuando vas a darte cuenta ya hace mucho que se ha ido.
sábado, 9 de enero de 2016
Regalo puntos del carnet de conducir
Tengo mis quince puntos y ya no los quiero, con tal de que
Matías Prats deje de insistirme en que llame a Linea Directa. No te permito que
me insistas más. Estoy hasta el moño. Ya le he cogido manía al personaje, a la
compañía y hasta al carnet. Así que quien quiera puntos no tiene más que
decírmelo o no me quedará otra opción que dedicarme a saltar semáforos delante
de la policía, y es un poco peligroso. Estoy dispuesta a todo con tal de no
formar ya parte del selecto club de los buenos conductores que conservamos
todos los puntos; en mi caso porque no salgo de mi barrio.
Como vuelva a oír el famoso anuncio creo que voy a coger el
carnet y lo voy a tirar por la ventana, o mejor por el wáter, no sea que algún
alma caritativa me lo devuelva. Prefiero no conducir a tener que seguir
soportando esa mandanga. Señor Prats, tenga piedad. Ya sé que tengo los quince
puntos y no me importa lo más mínimo. No pienso cambiar de compañía aunque sólo
sea para no darle el gusto a Vd. Quiero pagar más y tener menos cobertura pero
que me dejen escuchar música en paz. Si
no lo deja ya voy a tener que acudir al Defensor del Pueblo a ver si me libra
de esta tortura.
viernes, 8 de enero de 2016
Anuncios de colonia
Si hay algo que no entiendo de la publicidad son esa clase de anuncios. Será porque yo no utilizo colonias y tengo un cajón lleno donde guardo las colonias que me han ido regalando a lo largo del tiempo y no sé qué hacer con ellas. Me pregunto si la gente utiliza realmente tanta colonia o si todo es una gigantesca bola de miles de personas comprando perfume porque piensan que es un buen regalo, y otros miles almacenando esos botes. O tal vez incluso son las mismas personas. Todo porque la publicidad ha conseguido convencernos de que regalar colonia es una buena idea y recibirla cumplirá con nuestros más ocultos deseos.
Esta publicidad es lo más sexista que se pueda imaginar pero no he oído a nadie quejarse. Hombres musculosos y mujeres sensuales te prometen un mundo de placer a tu alcance por el precio de un bote de colonia. Yo creo que el poder sensual del olor está muy sobrevalorado, afortunadamente, porque si no seríamos todos como animalillos persiguiéndonos unos a otros por la calle. Sin embargo, sabiendo que es un invento, seguimos comprándolas porque nos solucionan fácilmente un compromiso. Es decir, que las colonias son las reinas del merchandising capitalista, y los que reniegan del sistema son los primeros que las compran.
jueves, 7 de enero de 2016
El sentido del rídiculo
Como decía Jesus, los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz. Así que, cuando quieren devaluar algo, no se limitan a atacarlo directamente sino que lo ridiculizan. De ese modo, siempre pueden apelar al sentido del humor y decir que era broma. Pero es que hay cosas con las que no se puede bromear sin ofender seriamente a alguien. Los del Charlie Hebdo, que parece que no tuvieron suficiente muestran ahora un Dios con ametralladora, como si no estuviera claro que las enseñanzas cristianas incitan a la no violencia. Quien a hierro mata a hierro muere. Con eso no sólo ofenden a musulmanes sino a judíos y cristianos.
La alcaldesa Carmena mientras tanto, obligada a celebrar el día de los Reyes Magos, decide disfrazarlos como si fuera un circo y convertir todo el espectáculo en una pantomima. Hasta tal punto que uno de los personajes llega a revelarles la verdad del secreto a los niños, como quien no quiere la cosa. De este modo le roba toda la magia a un día que debería ser para los niños, convirtiéndolos en títeres de su simbólica venganza contra la tradición conservadora. No importa que se trate de una fiesta con miles de años de antigüedad. Nunca es tarde si la mala baba es buena, diríamos entonces. Otro tanto para ellos.
La alcaldesa Carmena mientras tanto, obligada a celebrar el día de los Reyes Magos, decide disfrazarlos como si fuera un circo y convertir todo el espectáculo en una pantomima. Hasta tal punto que uno de los personajes llega a revelarles la verdad del secreto a los niños, como quien no quiere la cosa. De este modo le roba toda la magia a un día que debería ser para los niños, convirtiéndolos en títeres de su simbólica venganza contra la tradición conservadora. No importa que se trate de una fiesta con miles de años de antigüedad. Nunca es tarde si la mala baba es buena, diríamos entonces. Otro tanto para ellos.
miércoles, 6 de enero de 2016
Capeando el temporal
Considero que soy una persona muy dulce y cariñosa y así lo piensan los que me conocen superficialmente. Sin embargo, también tengo mi carácter y cuando no estoy de acuerdo siempre lo digo. No soy de seguir la corriente salvo contadas excepciones. Hoy en día parece que si tienes ideas propias eres un proscrito. Por ejemplo, si yo pienso que el aborto es algo horrible, no voy a decir otra cosa por contentar a nadie. Eso me convierte en alguien a esquivar, al margen de la legalidad. No debería ser así. Se supone que en una democracia caben todas las opiniones, también las de la extrema derecha. ¿Por qué no?.
Pero aquí te puedes declarar seguir de Stalin pero no reconocer que has votado a Vox, quien por cierto, en un sistema normal electoral hubiera sacado dos escaños. Aquí puedes declararte seguidor de Buda pero no católico practicante, porque entonces eres un carca de lo peor. ¿Por qué esa doble vara de medir?. Yo lo más que puedo hacer es callarme pero no puedo decir que pienso lo que no pienso, que creo lo que no creo, que estoy de acuerdo con lo que no lo estoy. Algunos no se conforman con menos. No sólo quieren que les des la razón sino que realmente te lo creas y eso ya es mucho pedir.
Pero aquí te puedes declarar seguir de Stalin pero no reconocer que has votado a Vox, quien por cierto, en un sistema normal electoral hubiera sacado dos escaños. Aquí puedes declararte seguidor de Buda pero no católico practicante, porque entonces eres un carca de lo peor. ¿Por qué esa doble vara de medir?. Yo lo más que puedo hacer es callarme pero no puedo decir que pienso lo que no pienso, que creo lo que no creo, que estoy de acuerdo con lo que no lo estoy. Algunos no se conforman con menos. No sólo quieren que les des la razón sino que realmente te lo creas y eso ya es mucho pedir.
lunes, 4 de enero de 2016
Navidades consumistas
Dicen algunos que no tiene nada de malo celebrar estas fiestas comprando regalos y grandes cantidades de comida. Ni tampoco de bueno, digo yo. Será porque durante mucho tiempo me vi obligada a buscar nada menos que treinta y seis regalos por estas fechas. Dieciséis para mis sobrinos, ocho hermanos, padres, hijos (tres cosas) y nosotros (sólo una cosa). Con esa carga de trabajo es difícil conservar la ilusión. Además el presupuesto era toda la paga extra. Ahora que por fin nos hemos librado de esa obligación me doy cuenta de lo absurdo que era y sigue siendo para muchos este afán consumidor.
Porque el cariño no se compra con regalos y además tampoco daba para comprar nada especial. Porque además todos teníamos demasiados. Todavía tengo los armarios llenos de cosas con las que no sé lo que hacer. Porque más valía que hubiéramos dado ese dinero a la caridad. Sería mucho más navideño. En cuanto a las comidas multitudinarias son una fuente de conflictos permanente. Hay que andar con pies de plomo para no liarla. Luego las digestiones de las comidas son atroces. A mí me gustaban las fiestas de mi infancia, más austeras y sentidas. Ahora espero poder recuperar algo de ese espíritu una temporada.
Porque el cariño no se compra con regalos y además tampoco daba para comprar nada especial. Porque además todos teníamos demasiados. Todavía tengo los armarios llenos de cosas con las que no sé lo que hacer. Porque más valía que hubiéramos dado ese dinero a la caridad. Sería mucho más navideño. En cuanto a las comidas multitudinarias son una fuente de conflictos permanente. Hay que andar con pies de plomo para no liarla. Luego las digestiones de las comidas son atroces. A mí me gustaban las fiestas de mi infancia, más austeras y sentidas. Ahora espero poder recuperar algo de ese espíritu una temporada.
sábado, 2 de enero de 2016
Soy pretecnológica
A mucha honra. Nací en 1966. Entonces no existían por supuesto móviles ni apenas ordenadores. Los que había eran como armarios. Y vivíamos, salíamos a la calle, teníamos amigos y trabajábamos en el siglo XX como si nada. Ahora parece que no se puede estar sin algo electrónico entre las manos. Me desespera cuando veo a la gente que va por la calle leyendo su aparatito. ¿Es que no pueden esperar a llegar a algún sitio?. Así no me extraña que aumenten los atropellos. El móvil te tiene todo el tiempo comunicado y al día de lo que pasa. Pero yo no quiero estar localizable veinticuatro horas ni enterarme al minuto de la actualidad.
Para eso llego a casa y enciendo el ordenador o la tablet. El resto del día me gusta ocuparme de mi familia, de mis hijos y de mis propios pensamientos. Estar todo el tiempo enganchado te impide pensar y asimilar lo que has leído. La comunicación entre las personas se resiente muchísimo cuando cada uno tiene algo en la mano. Estamos en la misma habitación como si no estuviéramos. Hacemos fotos que ya no miramos, mantenemos conversaciones que olvidamos, leemos noticias que no nos afectan. La electrónica nos está robotizando. Aconsejo a mis lectores que prueben a dejar los aparatos unas horas al día y volver a simplemente vivir.
Para eso llego a casa y enciendo el ordenador o la tablet. El resto del día me gusta ocuparme de mi familia, de mis hijos y de mis propios pensamientos. Estar todo el tiempo enganchado te impide pensar y asimilar lo que has leído. La comunicación entre las personas se resiente muchísimo cuando cada uno tiene algo en la mano. Estamos en la misma habitación como si no estuviéramos. Hacemos fotos que ya no miramos, mantenemos conversaciones que olvidamos, leemos noticias que no nos afectan. La electrónica nos está robotizando. Aconsejo a mis lectores que prueben a dejar los aparatos unas horas al día y volver a simplemente vivir.
viernes, 1 de enero de 2016
Convivir con adultos
Si vivir con adolescentes ya es complejo porque siempre creen tener la razón, al menos ellos de vez en cuando recapacitan. Cuando vives con adultos que ya tienen formados criterios propios esa posibilidad desaparece. Nosotros somos cinco adultos en una casa, y un gato. Admiro a los nórdicos, que no tienen ese problema porque en cuanto los hijos crecen se van de casa. También en EE.UU. España debe ser el único lugar occidental donde se quedan. Por una parte es agradable, pero por otra trae multitud de problemas. Tantos que yo a veces salgo de casa sólo para quitarme de en medio de mis hijos mayores, que me traen loca.
Cinco adultos decidiendo qué se hace y cómo se hace en una casa es demasiado. Pero, en fin, es lo que hay. Por eso cuando nos vamos al pueblo estamos tan tranquilos. Cuando no es uno que no le gusta la comida, es otro que no encuentra los calcetines u otro que quiere quitar la televisión. Total que no hay manera de tenerlos contentos. Luego va el carácter de cada cual. El mayor se suele quedar en su cuarto y le molestan las discusiones, la mediana adora discutir por todo, y la tercera es más tranquila pero también se queja mucho. Supongo que cuando no estén los echaré de menos, pero ahora hay días en que los echo de más...
Cinco adultos decidiendo qué se hace y cómo se hace en una casa es demasiado. Pero, en fin, es lo que hay. Por eso cuando nos vamos al pueblo estamos tan tranquilos. Cuando no es uno que no le gusta la comida, es otro que no encuentra los calcetines u otro que quiere quitar la televisión. Total que no hay manera de tenerlos contentos. Luego va el carácter de cada cual. El mayor se suele quedar en su cuarto y le molestan las discusiones, la mediana adora discutir por todo, y la tercera es más tranquila pero también se queja mucho. Supongo que cuando no estén los echaré de menos, pero ahora hay días en que los echo de más...
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