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lunes, 6 de junio de 2016

El niño y el gorila

Pasó el otro día en el zoo que un niño pequeño se metió en el recinto de los gorilas y tuvieron que sacrificar a un animal para sacar al niño. No me extraña nada porque cada vez que voy a un parque zoológico o similar puedo ver a los niños intentando trepar por las vallas de protección, a veces incluso con ayuda de sus propios padres. A menudo están los padres demasiado entretenidos haciendo fotos para ocuparse de lo que hacen sus hijos. No se plantean que, si está prohibido subir a las vallas es por muy buenas razones no por capricho de prohibir. Luego los grandes perjudicados son los animales.

Es como cuando pone no hacer fotos con flash, porque perjudican a la vista de los animales, y allí está todo el mundo como si nada haciendo las fotos con flash. Como no hay apenas guardias. O cuando dicen que no les demos de comer porque la comida de personas no les sienta bien. E incluso hay quien tira las bolsas, que se las acaban comiendo también los animales con graves daños digestivos. Pero me da la impresión de que la mayoría de la gente que visita estos sitios no les importan lo más mínimo los animales. Lo hacen como quien va al cine o al parque de atracciones para tener a los niños entretenidos.

lunes, 4 de enero de 2016

Navidades consumistas

Dicen algunos que no tiene nada de malo celebrar estas fiestas comprando regalos y grandes cantidades de comida. Ni tampoco de bueno, digo yo. Será porque durante mucho tiempo me vi obligada a buscar nada menos que treinta y seis regalos por estas fechas. Dieciséis para mis sobrinos, ocho hermanos, padres, hijos (tres cosas) y nosotros (sólo una cosa). Con esa carga de trabajo es difícil conservar la ilusión. Además el presupuesto era toda la paga extra. Ahora que por fin nos hemos librado de esa obligación me doy cuenta de lo absurdo que era y sigue siendo para muchos este afán consumidor.

Porque el cariño no se compra con regalos y además tampoco daba para comprar nada especial. Porque además todos teníamos demasiados. Todavía tengo los armarios llenos de cosas con las que no sé lo que hacer. Porque más valía que hubiéramos dado ese dinero a la caridad. Sería mucho más navideño. En cuanto a las comidas multitudinarias son una fuente de conflictos permanente. Hay que andar con pies de plomo para no liarla. Luego las digestiones de las comidas son atroces. A mí me gustaban las fiestas de mi infancia, más austeras y sentidas. Ahora espero poder recuperar algo de ese espíritu una temporada.