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miércoles, 25 de noviembre de 2015

De viaje

La ventaja de que mi marido trabaje en una empresa multinacional es que viaja bastante y en ocasiones hemos podido acompañarle. Cuando los niños eran pequeños y todavía no pagaban tanto, fuimos varias veces a Francia y a Portugal con ellos. Recuerdo que hemos estado dos veces en París, una en Toulousse, otra en el sur y otra en Nantes. En Lisboa dos veces. Luego, ya sin hijos fui a unas conferencias en Varsovia hace un par de años y más recientemente hemos hecho viajes cortos a Barcelona, Valencia y Pamplona. Ir solos es un placer especial porque no tenemos que ponemos de acuerdo sobre todo lo que hacemos, pero ir todos también tenía su encanto.

Espero con el tiempo poder sumarme a más viajes. Ah, olvidaba que también estuvimos los dos en EE.UU. una semana. Debe ser el viaje más largo que hemos hecho sin niños. Para el próximo año teníamos intención de repetir, pero no sé si será posible por cuestiones logísticas y económicas. Ahora también tenemos el problema de salud de las abuelas. Además, como compramos una casa en el pueblo tampoco tenemos ya tanta necesidad de viajar. No siendo por tema de trabajo también hemos estado juntos los dos en alojamientos rurales en Zamora, Ávila y Valladolid. Es una buena opción cuando no se tiene otra excusa, porque es importante salir de vez en cuando.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Viendo la vida pasar

Mi cuñada tiene cáncer, mi sobrina también lo ha tenido, y el marido de una amiga y un compañero de mi hija y la madre de una señora que conozco. Creo que nos hemos acostumbrado demasiado a la palabra cáncer y ahora nos aferramos a las posibilidades de cura, como si sólo fuera un catarro y no queremos pensar, yo por lo menos, en que sea una causa de muerte. Yo ya perdí tres cuñados por ese motivo, pero aun así quiero seguir agarrándome al tanto por ciento de los que se curan, que cada vez es mayor. Empiezo a comprender las campañas de televisión en las que parece incluso que la gente se alegrara de estar enferma. Es mejor no pensar en ello.

No deja de ser como meter la cabeza bajo el suelo para no ver, pero ayuda. Aunque hayas pasado por lo mismo tantas veces y ya sepas como termina a menudo. Para seguir luchando necesitas apoyarte en la mínima esperanza, en los testimonios de los que lo han superado. Aunque sigo sin entender por qué el cáncer de mama se lleva toda la gloria como si en la enfermedad también hubiera discriminación positiva por género. Mi apoyo no entiende de clases, desde los más conocidos a los más inusuales. Todos deseamos que se curen, y especialmente los niños. Por eso, aparte de tratamientos, necesitan todas nuestras oraciones.

lunes, 5 de octubre de 2015

Comer verduras

Me gustan mucho las verduras pero por desgracia me hacen daño porque tengo colon irritable. Aun así procuro ponérselas a mis hijos de vez en cuando. Mis hijos no extrañan la verdura porque la comieron mucho de pequeños; sin embargo, la mayoría de mis sobrinos (son diecisiete) no las han visto más que en fotografía. Así que la llamada dieta mediterránea no existe en mi árbol familiar. Únicamente las abuelas la siguen practicando. La verdura no es algo que entre fácilmente. Hay que acostumbrarse a los sabores cuanto antes o no te gustarán nunca, especialmente si no sabes cómo hay que prepararlas. Un niño que no comió verdura es un adulto que no la comerá.

Por eso, cuando leo que hay padres que pactan el menú con sus hijos, o que les preparan algo alternativo (croquetas) cuando lo que hay no les gusta; me parece que están jugando con la salud de sus hijos y eso es algo muy serio. Ya no se trata tanto de que se malacostumbren a salirse siempre con la suya (que también). Es que su cuerpo tiene carencias fundamentales que, ni los complementos alimenticios ni las vitaminas podrán suplir correctamente. Sobretodo porque el resto de su vida tampoco van a querer probar la verdura y, aunque sólo sea por eso. se perderán una experiencia de sabores insustituible.

sábado, 3 de octubre de 2015

Programas de cocina

Si me hubieran dicho hace años que las televisiones se llenarían de concursos de cocina, no me lo hubiera creído. Con Carlos Arguiñano yo ya estaba servida y además hace cocina de verdad, no experimentos culinarios. Ahora resulta que la gracia está en utilizar la mayor parte de elementos dispares en cada plato, para luego hacer una cantidad rídicula de comida con un sabor indefinible. Y luego, eso sí, ponerle un precio desorbitado. Cuando ya deberían saber que, desde que se inventó la tortilla de patatas y el bocata de calamares, nada ha podido mejorarlo. Para colmo meten a niños en el juego con cuchillos afilados para darle más emoción al asunto.

Y lo triste del caso es que mucha gente está encantada con el fenómeno, igual que cuando les ofrecían famosos haciendo saltos de trampolín. El caso es dar espectáculo: pan et circenses. A mí estos programas me aburren soberanamente y hasta me quitan el hambre. Lo peor es tener que aguantar además el ego de los concursantes y los jurados. Pero de eso se trata precisamente, de humillar al contrario; de manera que no sólo están creando una cocina ridícula sino que además alimentan los bajos instintos del público. Toda una receta de éxito, pero no la utilicen para intentar aprender a cocinar, porque eso es otra cosa.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Educando niños

Tengo una polémica de largo recorrido con una bloguera que opina que a los niños no se les debe castigar, sino razonar con ellos, tengan la edad que tengan. Esta mañana estaba la típica niña en el supermercado que va cogiéndolo todo y sus padres le dicen que no, pero no hacen nada, con lo cual no les hace ni caso. Entonces la cogen en brazos, porque todavía es pequeña. Cuando tenga un año más ya no les quedará esa solución. Cogerla en brazos equivale para un niño a una señal de reconocimiento; es decir, que pensará que hace muy bien en no obedecer a sus padres, y ellos se darán cuenta cuando ya sea demasiado tarde, en pocos años.

Pero lo peor llega con la adolescencia, cuando incluso los niños responsables y educados suelen perder los modales y la consideración. Qué decir de aquellos que siempre han hecho lo que les ha dado la gana, porque sabían que lo único que les esperaba era una charla, si sus padres no estaban muy cansados ese día... Los niños son personas pequeñas, no son tontos. Inmediatamente le cogen la medida a los padres y así suele suceder que lo que no comen nunca en casa lo comen fuera sin rechistar. Es más. Los niños necesitan y desean tener límites para poder formar su personalidad y, si no los tienen, se sienten perdidos.

jueves, 20 de agosto de 2015

Dos anuncios sobre la pobreza infantil

He visto casi seguidos dos espacios de publicidad en televisión que marcan un gran contraste. El primero trata de forma muy sentimental la tristeza de un iño que no puede ir de vacaciones. Con la ropa rota y sucia, por cierto, cosa que en España no se da gracias a las donaciones de ropa. En el segundo, un bebé desnutrido lucha entre la vida y la muerte en algún país africano. ¿No vemos la contradicción?. Muchas veces he comentado en twitter que la pobreza en España no es para tanto y me han dicho que era una insensible, pero, caramba, ¿no sé cambiaría el segundo niño por el primero sin dudarlo un momento?

Es que la pobreza también es relativa y aquí no se muere nadie de hambre desde la posguerra. Otra cosa es que no coman carne cada semana, pero hay muchos países donde la carne es un bien escaso, que apenas se prueba más que en las fiestas. También hay millones de vegetarianos y no sufren hambre. Por favor, seamos serios. Es como cuando Carmena dijo que había veinticinco mil niños mal alimentados en España y a los comedores escolares sólo han acudido quinientos. Porque además, lo lógico es llevar alimentos a toda la familia, no sólo a los menores. A ver si aprendemos a no mezclar la preocupación real con el sentimentalismo demagógico.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Mucha tontería

Lo que hay en nuestra sociedad es mucha tontería de niño malcriado. Digamos que la culpa es nuestra porque, en los años de las vacas gordas atábamos los perros con longaniza. Estamos en el periodo más largo de paz de la historia de Europa (toco madera) y nos hemos malacostumbrado. La gente pensaba que todo sería ganar más y mejor, y se dedicaron a cultivar el ocio en lugar del conocimiento. Para ello nada mejor que bajar el nivel educativo para que todos tengan su título, y sustituir los libros por los jueguecillos electrónicos y las juergas con alcohol. No exagero nada. He visto niños de catorce años borrachos.

Ahora nos encontramos con el problema de que esos no tan niños, ya jovencillos, no sólo no tienen preparación laboral sino que tampoco tienen una cultura general básica. Así son presa fácil de vendedores de ungüentos mágicos que les ofrecen nada menos que mantener su nivel de vida sin ningún esfuerzo. Hay jóvenes preparados pero son minoría y muchos han emigrado ya. Los que quedan no están dispuestos a renunciar a tener una casa, un coche y unas vacaciones como las de sus padres. Es natural, pero no puede ser. No a costa de los impuestos pagados por todos. Así que la situación tiene mal arreglo.