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miércoles, 23 de marzo de 2016

Dulces

Hay un chiste que dice algo así. El doctor le dice al paciente que no debe beber, ni furmar, ni comer grasa, ni azúcar ni café. El paciente pregunta: ¿y de esa manera viviré más años. El doctor le responde: no, pero le garantizo que se va hacer muy largo...
Me pierden los dulces. Todos los días espero impaciente la hora del desayuno y la de la merienda, más el café que tomo a media mañana. Sé que no debo, por el peso, pero de vez en cuando me permito un bollito y lo disfruto con placer.

La verdad es que no entiendo que los médicos estén empeñados en decirnos que no tomemos pastelería. Si es tan mala para la salud deberían prohibirla. Supongo que habrá de todo. Además no creo que uno al día sea tan malo. A mí me parece mucho peor comer cordero, por ejemplo. Porque será sano pero es la criatura más adorable que puedas ver y me da mucha pena. Así que prefiero poner en riesgo mi salud con los dulces, que no hacen daño a nadie. Las verduras me encantan pero me sientan mal y me temo que no sigo una buena dieta mediterránea, pero tampoco tiene uno que sentirse culpable todo el tiempo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Comer verduras

Me gustan mucho las verduras pero por desgracia me hacen daño porque tengo colon irritable. Aun así procuro ponérselas a mis hijos de vez en cuando. Mis hijos no extrañan la verdura porque la comieron mucho de pequeños; sin embargo, la mayoría de mis sobrinos (son diecisiete) no las han visto más que en fotografía. Así que la llamada dieta mediterránea no existe en mi árbol familiar. Únicamente las abuelas la siguen practicando. La verdura no es algo que entre fácilmente. Hay que acostumbrarse a los sabores cuanto antes o no te gustarán nunca, especialmente si no sabes cómo hay que prepararlas. Un niño que no comió verdura es un adulto que no la comerá.

Por eso, cuando leo que hay padres que pactan el menú con sus hijos, o que les preparan algo alternativo (croquetas) cuando lo que hay no les gusta; me parece que están jugando con la salud de sus hijos y eso es algo muy serio. Ya no se trata tanto de que se malacostumbren a salirse siempre con la suya (que también). Es que su cuerpo tiene carencias fundamentales que, ni los complementos alimenticios ni las vitaminas podrán suplir correctamente. Sobretodo porque el resto de su vida tampoco van a querer probar la verdura y, aunque sólo sea por eso. se perderán una experiencia de sabores insustituible.