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miércoles, 12 de agosto de 2015

Mucha tontería

Lo que hay en nuestra sociedad es mucha tontería de niño malcriado. Digamos que la culpa es nuestra porque, en los años de las vacas gordas atábamos los perros con longaniza. Estamos en el periodo más largo de paz de la historia de Europa (toco madera) y nos hemos malacostumbrado. La gente pensaba que todo sería ganar más y mejor, y se dedicaron a cultivar el ocio en lugar del conocimiento. Para ello nada mejor que bajar el nivel educativo para que todos tengan su título, y sustituir los libros por los jueguecillos electrónicos y las juergas con alcohol. No exagero nada. He visto niños de catorce años borrachos.

Ahora nos encontramos con el problema de que esos no tan niños, ya jovencillos, no sólo no tienen preparación laboral sino que tampoco tienen una cultura general básica. Así son presa fácil de vendedores de ungüentos mágicos que les ofrecen nada menos que mantener su nivel de vida sin ningún esfuerzo. Hay jóvenes preparados pero son minoría y muchos han emigrado ya. Los que quedan no están dispuestos a renunciar a tener una casa, un coche y unas vacaciones como las de sus padres. Es natural, pero no puede ser. No a costa de los impuestos pagados por todos. Así que la situación tiene mal arreglo.

jueves, 6 de agosto de 2015

Lo que de verdad importa

Es una frase que suelo utilizar mucho. ¿Qué es lo que de verdad importa?. La familia, los amigos, la salud, el trabajo y poco más. Sin embargo, si estudias a la gente, como yo suelo hacer, ver que las cosas que les mueven tienen poco que ver con estos campos. El ocio casi va en primer lugar, con las dichosas maquinitas. Algunos se pasan horas y horas jugando a juegos repetitivos en el móvil. O mirando el facebook o el twitter, que viene a ser lo mismo: maneras de perder el tiempo. Si se sumaran esa cantidad de horas que dedican al ocio improductivo tal vez encontrarían la razón por la que no tienen tiempo para nada.

Luego están los hombres especialmente que se obsesionan con el fútbol y no piensan en otra cosa de la mañana a la noche; o las mujeres que no se preocupan más que de su aspecto, moda, maquillaje, etc. Supongo que son recursos para no tener que pensar y no agobiarse con los problemas cotidianos, pero lo malo es que muchos lo llevan al extremo y pasan de todo lo demás. Así no es extraño que la eficiencia española en el trabajo esté bajo mínimos o que muchos niños sientan que sus padres no les hacen caso. Es cierto. Curiosamente el culto a la salud también se ha convertido para algunos en una adicción, de manera que en cualquier sitio puede estar la trampa.