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viernes, 8 de abril de 2016

Los hijos de Miguel Bosé

Un día este cantante anunció que había tenido dos hijos por vientre de alquiler. A continuación otros dos. No contento con ser padre soltero, lo ha sido de cuatro niños. Los cuales no se sabe si son genéticamente hijos suyos ni quién o quiénes son sus madres. Menudo dilema que les espera a los niños cuando sean conscientes de su situación y de que, no sólo se les ha negado el derecho a conocer a su madre, sino que ni siquiera han sido gestados en su vientre probablemente. Es lo más cercano que existe a ser un hijo del laboratorio. En las películas de ciencia ficción ya habíamos visto experimentos parecidos.

Pero el problema es que un hijo no es una cosa que se pueda manejar a tu antojo. Es un ser vivo con sentimientos propios que probablemente sufrirá por no conocer su filiación. Además Bosé es abiertamente bisexual, con lo cual sus hijos además recibirán una información sexual ambigua y contradictoria que puede afectar a sus vidas. No sería extraño que acabaran optando por ser también bisexuales o incluso transexuales como una hija de Angelina Jolie, que siendo muy niña ya no tenía claro su sexo. Es lo que ocurre cuando las relaciones familiares se trastornan y los niños no tienen referentes válidos para su definición sexual.

viernes, 9 de octubre de 2015

Revistas y personas

Tengo que confesar que no suelo leer libros. Se me hacen muy largos. En lugar de ellos suelo hojear revistas de las que vienen con los periódicos del fin de semana. Cuando era jovencita sí que devoraba todo  lo que caía en mis manos, incluso en otros idiomas pero ya no soy la que era. El caso es que no leo revistas por simple curiosidad o morbo. Las leo buscando historias y testimonios de personas. Puede que no sean los más indicados, los famosos, precisamente para dar ejemplo, pero no dejan de ser seres humanos con sus victorias y sus fracasos, sus dudas y sus seguridades. Así que leyendo entrevistas pienso que aprendo algo de la vida.

Al menos tengo el mal ejemplo, se puede decir, de cómo hacer las cosas para que no funcionen, especialmente en lo que se refiere a las familias; y también el bueno en los pocos casos en que sí funciona. También leo artículos de divulgación general sobre temas diversos, más lo que leo habitualmente en internet, incluido el periódico. Es decir, que no sólo me alimento de sentimientos, sino que procuro enfrentarlos a los hechos. Sé que algunos pensarán que leer esas revistas es una pérdida de tiempo, pero yo quiero pensar que sí que les saco algo de miga, aunque sólo sea para luego criticar lo que he leído.

miércoles, 7 de octubre de 2015

No existir

Hace muchos años, antes de conocer a mi marido, yo tenía ganas de morir; no de matarme, sino de muerte natural, como es natural que te mueras si te atropella un autobús. Más bien tenía ganas de no existir, de no haber existido nunca, porque pensaba que mi vida no tenía sentido. Ahora me avergüenzo de esos pensamientos, pero no los tuve un tiempo o unos meses, sino durante años. La idea de desaparecer sin más me resultaba reconfortante, siempre que mis padres no me recordaran. Como naturalmente eso no era posible, me limitaba a acariciar el pensamiento en aquellos días que parecían todos igual que el anterior.

Si algo me ha enseñado el tiempo es que no hay que avergonzarse de ser depresivo. Eso demuestra que tienes sentimientos, que piensas. La gente habitualmente está demasiado ocupada para pensar y, de ese modo, tampoco les da tiempo a deprimirse, lo cual es una suerte. Pero es que en la vida también es importante aprender a valorar lo que tienes y qué mejor manera que imaginando que lo pierdes. La tristeza es necesaria para apreciar la alegría. Quien vive en un continuo estado neutro, ni siente ni padece. Puede que sea más agradable, pero es algo inhumano, y así no es de extrañar que muchos carezcan de empatía.