Hace muchos años, antes de conocer a mi marido, yo tenía ganas de morir; no de matarme, sino de muerte natural, como es natural que te mueras si te atropella un autobús. Más bien tenía ganas de no existir, de no haber existido nunca, porque pensaba que mi vida no tenía sentido. Ahora me avergüenzo de esos pensamientos, pero no los tuve un tiempo o unos meses, sino durante años. La idea de desaparecer sin más me resultaba reconfortante, siempre que mis padres no me recordaran. Como naturalmente eso no era posible, me limitaba a acariciar el pensamiento en aquellos días que parecían todos igual que el anterior.
Si algo me ha enseñado el tiempo es que no hay que avergonzarse de ser depresivo. Eso demuestra que tienes sentimientos, que piensas. La gente habitualmente está demasiado ocupada para pensar y, de ese modo, tampoco les da tiempo a deprimirse, lo cual es una suerte. Pero es que en la vida también es importante aprender a valorar lo que tienes y qué mejor manera que imaginando que lo pierdes. La tristeza es necesaria para apreciar la alegría. Quien vive en un continuo estado neutro, ni siente ni padece. Puede que sea más agradable, pero es algo inhumano, y así no es de extrañar que muchos carezcan de empatía.
Páginas
- Página principal
- El informe Rekers sobre adopciones homosexuales
- Los riesgos de la fecundación artificial
- Ecografía 4D bebé 7 semanas
- Depravación sexual: chemsex
- Extransexuales
- Perroflautas españoles
- Moderaditos por De Prada
- Carta de un homosexual al Papa
- El plan global de destruccion de la familia
- Testimonio de hijo adoptado de padres gays
- Hijos de donante anónimo
- Empresas que utilizan restos de bebés abortados
- Enseñanza concertada
- La ideología de género
- Un homosexual contra las adopciones homosexuales
Mostrando entradas con la etiqueta morir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta morir. Mostrar todas las entradas
miércoles, 7 de octubre de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)