Tengo la casa desordenada, la verdad. Yo diría mas bien, saturada. Ocurre que según pasan los años vas acumulando cosas que se van quedando por en medio y no sabes qué hacer con ellas. Tengo buenos armarios pero están a tope de cosas por si acaso, como toallas de piscina viejas, sábanas que no utilizo y regalos inesperados. Hay cosas que no se usan por ser demasiado buenas, elegantes, y otras por lo contrario, por ser viejas y corrientes. Pero se van quedando guardadas por si un día piensas: dónde estará mi viejo albornoz, y ese día resulta que no lo encuentras. Porque es lo que tiene tener la casa saturada.
De vez en cuando saco ropa del armario que hace mucho tiempo que no utilizo y, haciendo un gran esfuerzo, la paso a la bolsa de ropa para donar a la parroquia. Luego siempre pienso que he dado lo que no debía, de más o de menos. Me preocupa que un día tengamos que hacer mudanza y empiecen a salir cajas llenas de los armarios. Hace años cuando nos cambiamos de casa, fue una mudanza pequeña y sencilla y aún así no se acababa nunca. Me produce literalmente pesadillas pensar en tener que recoger esta casa tal como está. Creo que debería ir reduciendo cosas poco a poco, pero no es nada sencillo elegir.
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lunes, 1 de febrero de 2016
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