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miércoles, 3 de febrero de 2016

Discriminación: Yo soy más que mi talla

El otro día veía un debate sobre si discrimina la sociedad a las gordas y si había que poner leyes anti discriminación. Pero yo le decía a mi hija que sólo se trata de ser buena persona. Yo nunca he criticado a nadie por ser más alto, bajo, gordo, flaco, listo o tonto. Me parece absurdo. Si educáramos bien a los niños no harían falta leyes. Pero además la sociedad tiene mucha culpa en este asunto premiando la imagen de las personas guapas como si eso las hiciera mejores en todos los aspectos, incluido el profesional. Esto es especialmente difícil para las mujeres y sobre todo al llegar a los cuarenta años.

Porque el cuerpo cambia en la mediana edad y lo normal es engordar diez kilos y perder curvas. También en los hombres aparece la barriga y la calvicie o las canas. Pero mientras en ellos se encuentra cierto atractivo, los medios de comunicación esperan que la mujer se conserve como una veinteañera en apariencia. Esto sólo es posible en algunos casos genéticos, pero para la mayoría supone una vida de dietas, privaciones y sesiones de gimnasio, o incluso operaciones. O, como en mi caso, pero yo no trabajo, dejar hacer a la naturaleza y sentirme culpable. Todo por no aceptar las consecuencias del paso del tiempo.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Harta del feminismo

Tal vez debería decir del hembrismo. Porque el feminismo que busca igualar los derechos de las mujeres en el resto del mundo me parece muy bien. Pero el hembrismo lo que quiere es colocar a la mujer por encima con o sin merecimientos. De ahí la discriminación positiva y otras injusticias. Ya he explicado otras veces que, si las mujeres en la historia no han ocupado lugares relevantes en general, no ha sido porque no les dejaran, sino porque teniendo que criar diez hijos resulta difícil encontrar tiempo para otra cosa. Los anticonceptivos han supuesto la verdadera liberación de la mujer y no tanta palabrería.

Y si ahora hay pocas mujeres en puestos directivos no es porque no les dejen, sino porque prefieren dedicar menos tiempo al trabajo y más a su casa y su familia. Cosa que es muy sana y no tiene nada de malo. Las directivas de éxito saben bien que el precio que tienen que pagar consiste en no conciliar en absoluto y por eso muchas no se casan o no tienen hijos. Si muchos hombres eligen el éxito laboral antes que la dedicación a la familia es porque la competividad es algo ligado a la testosterona y, por muchos que se empeñen algunas, hombres y mujeres no somos ni seremos nunca iguales, afortunadamente.